Incidencia de la eliminación de las licencias petroleras

Este trabajo analiza los impactos económicos sobre la economía venezolana de la eventual eliminación de las licencias petroleras anunciadas por el presidente Donald Trump. Los resultados que se presentan a continuación se basan en las cifras disponibles de fuentes secundarias, por cuanto ni Chevron ni Pdvsa publican datos oficiales. Es importante destacar que el pobre desempeño de la economía venezolana desde 2014 no ha obedecido a las sanciones sino a un modelo económico destructivo aunque ciertamente las sanciones impuestas en 2019 han agudizado la declinación de la actividad económica.  

La Actividad Petrolera y no petrolera

La producción de bienes y servicios de Venezuela que conforman el Producto Interno Bruto, usualmente se desagrega en los sectores petroleros y no petroleros, correspondiendo el primero a la extracción de crudos y el no petrolero al resto de las actividades, tales como la manufacturera, los servicios, la construcción, comunicaciones, entre otros.

De esta manera, hay una incidencia directa sobre el PIB total que deviene de la actividad productiva propiamente que tiene que ver con la perforación y extracción del crudo en pozos que pueden tener una profundidad de más de 10.000 pies, es decir más de tres kilómetros, lo cual implica un esfuerzo de producción significativo, en términos de usos de bombas, tubos, cemento, cabillas, entre otros elementos.

La incidencia indirecta viene del hecho de la demanda de bienes  y servicios a la economía no petrolera y el pago de impuestos y regalías que posteriormente se expresan en gasto público y por tanto en la generación de actividad económica y empleos.

No obstante, los aspectos jurídicos involucrados en la eliminación de las licencias, su entrada en vigencia y el hecho que es probable que la producción que deje de extraer Chevron la pueda suplir total o parcialmente otras empresas, con base en los datos disponibles se presenta un escenario, tal vez menos probable, donde  en promedio la producción anual disminuya a cero y otro donde la caída promedio anula sea de 50%. Puede haber otros pero éstos son casos polares.

Resultados

Este esfuerzo de estimación debe tomar en cuenta que las cifras del BCV relativas a la composición del PIB publicadas,  llegan hasta el primer trimestre de 2109 y según esos datos el aporte del petróleo a la producción total fue en el primer trimestre de 2019 13,5%

Resultados del análisis de la incidencia directa según dos escenarios

A1. Ponderación de 2019 del petróleo en el PIB total=13,5%, caída de la producción de petróleo 30% (la producción a cargo de Chevron cae a cero), pedida del PIB= 4 puntos porcentuales.

A2.  Ponderación de 2019 del petroleó en el PIB total= 13,5%, caída de la producción de petróleo 15% (la producción a cargo de Chevron cae a la mitad),  pérdida del PIB= 2 puntos porcentuales.

B. La nueva ponderación se obtuvo a través de un trabajo de empalme de las series estadísticas debido a que el BCV solamente publicó las tasas de variación porcentual hasta el segundo trimestre de 2024, y por tanto la nueva ponderación del PIB petrolera en el total sería aproximadamente 25%, con lo cual éstos serían los resultados:

B1. Ponderación 2025 del petróleo en el PIB total=25%, caída de la producción petrolera 30%, pérdida del PIB=7,5 puntos porcentuales.

B2. Ponderación 2025 del petróleo en el PIB total=25%, caída de la producción petrolera 15%, pérdida del PIB=3,8 puntos porcetuales.

Como puede apreciarse se trata de contracciones significativas de la actividad económica y obviamente esos dos escenarios están condicionados por la pérdida de producción. En el caso que empresas sustitutas logren mantener o atenuar disminución de la producción el efecto será menor en cuyo caso tendrán que hacer las inversiones que actualmente hace Chevron e importar los diluyentes en mercados distintos a EEUU.

La incidencia indirecta viene dada por el efecto multiplicador del sector petrolero sobre la economía no petrolera el cual se resume a continuación.

Se ha estimado mediante una regresión cointegradora, una elasticidad del PIB no petrolero a la actividad petrolera de 0,21. Las ponderaciones de la actividad no petrolera sobre el PIB total son de 86,5% (2019) y 75% (2025). Con estos coeficientes, el impacto indirecto es[1]:

Desde el punto de vista fiscal, una vez cobrada parte de sus deudas, los ingresos que aporta Chevron, estimados en unos US$ 5.000 millones anuales, afectarían en una proporción que va a depender del nivel de producción que pueda ser alcanzada por empresas que reemplacen a Chevron y por el destino de esas exportaciones, que, al no venderse en Estados Unidos, estarán sujetos a mayores costos de fletes, seguros y más importantes descuentos sobre cada barril que puede llegar incluso al 20%. En cualquier caso, se trata de un impacto nada despreciable sobre la gestión fiscal del gobierno.

Igualmente, el mercado cambiario se resentiría por cuanto las ventas que hace Chevron a ese mercado declinarían  y de hecho una fracción muy importante de la intervención en el mercado de cambios proviene de Chevron.

Es muy difícil estimar su impacto, pero sin dudas la tendencia a la depreciación del bolívar que en 2025 ha sido considerable se exacerbará.


[1] Este impacto indirecto es a doce meses. Como se desconocen los detalles sobre el periodo de “winding down” y estamos a marzo de 2025, este impacto probablemente se reparta entre 2025 y 2026.

Febrero de 2021

Desde mediados  de los años setenta la economía venezolana comenzó a evidenciar los principales síntomas de lo que sería la crisis que se fue incubando. Una combinación de factores tales como controles de precios y de cambio, endeudamiento externo masivo, inflación reprimida y caída de la producción petrolera fueron abonando el camino para que el 18 de febrero de 1983 se produjera el colapso del sistema de tipo de cambio fijo, vigente desde 1963 y con ello llegó a su final la estabilidad monetaria de Venezuela. Los elevados precios del petróleo de 1974 y 1975 y posteriormente los de 1979 y 1980, lejos de ayudar a  fortalecer la economía, la debilitaron al potenciar distorsiones previas y exacerbaron el endeudamiento público.

A partir de los años ochenta  y salvo excepciones, las políticas económicas y sociales que se aplicaron mostraron discontinuidades y falta de consistencia, todo lo cual generó una caída del ingreso de los venezolanos y consecuente  empobrecimiento de una buena parte de los hogares. La contracción sistemática de la producción petrolera a partir de 1971 fue debilitando la vertiente productiva de esa actividad e hizo que Venezuela perdiese participación en mercado petróleo internacional.  De esta manera, en 1998 Venezuela mostraba signos evidentes de la decadencia de su modelo político y económico, lo que favoreció la llegada de Hugo Chávez al poder en 1999. Durante más de veinte años del chavismo en el poder, lejos de solucionar la crisis heredada la ha profundizado exponencialmente. El chavismo fracasó.

Hugo Chávez

La política económica que aplicó Hugo Chávez pasó por diferentes etapas. La concepción primigenia acerca de lo que constituyó su proyecto político está contenido en el documento “La Propuesta de Hugo Chávez para transformar a Venezuela: Una revolución democrática” de 1999, donde se proponía el logro de “Un sistema económico competitivo, que apoyándose en las ventajas comparativas y competitivas  de nuestro país, genere productos capaces de satisfacer las necesidades  de la población y competir con las mercancías extranjeras…”. Todo ello quedó en palabras lanzadas al vacío, la economía se tornó más dependiente del petróleo y menos productiva.

Una vez que resultó ratificado como presidente en el referéndum revocatorio del 15 de agosto de 2004, Hugo Chávez emprendió una nueva etapa, en la cual se asume al socialismo como objetivo fundamental. A partir de allí comienza la estatización de la economía y una deriva todavía más autoritaria.  A finales de septiembre de 2007, Chávez lanzó el Primer Plan Socialista de la Nación, conocido como el “Proyecto Nacional Simón Bolívar”, o también denominado Plan de la Patria, mediante el cual se comenzaría hacer realidad el socialismo. Ello resultó en un conjunto de leyes tales como la que regulaban el comercio de bienes, la seguridad alimentaria, la propiedad de la tierra, entre otras, ñas cuales se constituyeron en restricciones y limitaciones al trabajo, la inversión privada y el emprendimiento y adicionalmente contribuyeron a la destrucción de la institucionalidad fiscal y monetaria de Venezuela, al irrespetarse la autonomía del BCV y manejarse el fisco nacional con presupuestos paralelos, sin ningún tipo de control.

Desde  2007 el control estatal sobre la economía se extendió hasta configurarse un cuadro donde el sector público traspasó sus roles tradicionales y necesarios de regulador para transformarse en sujeto del modo de producción socialista. Esto condujo a un redimensionamiento del rol del Estado en la economía y a la acentuación de un esquema de controles múltiples sobre los principales precios de la economía hasta convertirse en un instrumento para asfixiar al sector privado al incidir tanto sobre su rentabilidad como en la provisión de insumo y materias primas. La ampliación del ámbito del Estado en la economía, generó una situación de inviabilidad financiera que estuvo oculta hasta 2012 por los elevados precios del petróleo que permitieron enjugar los déficits de las empresas públicas.

El modelo descrito, el cual tuvo como objetivo ulterior la transición al socialismo, se financió con los elevados precios del petróleo hasta que los ingresos se fueron agotando debido al mal manejo económico y la corrupción rampante. El aumento del rol del Estado en la economía tenía su contrapartida en un fuerte desequilibrio en las cuentas fiscales, financiado con deuda interna y externa y con posteridad a 2008 con emisión monetaria, permitidas con las sucesivas reformas de la ley del BCV.

Sin embargo, los altos precios del petróleo no fueron suficientes para financiar el gasto en momentos en que el financiamiento externo se encarecía,, situación que amplió el déficit fiscal. Ya con los resultados de las elecciones presidenciales de octubre de 2012, la situación macroeconómica era insostenible, caracterizada ésta por un desequilibrio fiscal no financiable por vías ordinarias, la inflación reprimida y por un elemento nuevo: los signos de una declinación sostenida de la producción petrolera. Ese año el déficit fiscal alcanzó a 12,0% del PIB y las reservas internacionales que en 2008 se situaron en US$ 42.300 millones, en 2012 alcanzaron a US$ 29.800 millones sin contar los atrasos en pagos de la deuda comercial.

Hugo Chávez entre 1999 y 2012 disfrutó de los mayores ingresos petroleros que presidente alguno haya tenido en Venezuela, estos alcanzaron a la astronómica cifra de US$ 780.000 millones, a razón de US$ 55.714 millones anules.  Para que se tenga idea de estas magnitudes, US$ 780.000 millones excedió la suma del  PIB de Argentina y Colombia de 2020. Adicionalmente, en 2005 Chávez creó el Fondo de Desarrollo Nacional (Fonden), una especie presupuesto paralelo, mediante el cual se tomó una arte de las reservas internacionales del BCV más una porción del flujo de ingresos petroleros hasta totalizar cerca de US$ 100.000 millones entre 2005 y 2012,  manejados de manera discrecional, sin que el gasto de tales recursos se hiciera sobre la base de la Ley de Presupuesto. De esa apreciable masa de divisas que recibió Venezuela no se ahorró un céntimo y contrariamente, se contrajo más endeudamiento. Ello dista mucho del exitoso manejo de la bonanza petrolera por parte de Noruega, Arabia Saudita, Catar y Kuwait, entre otros países  cuyos fondos petroleras acumularon suficientes activos que le permitieron encarar apropiadamente las disminuciones de los precios.

Los resultados económicos y sociales, evaluados sobre la base de la mayor bonanza petrolera y fiscal de la nación, son mediocres. El ingreso por habitante en el lapso 1999-2012 mostró un aumento de  apenas 1,0% significativamente inferior al de otros países de América Latina que igualmente se beneficiaron del auge de las materias primas. La tasa de inflación promedio anual nunca logró bajar a un dígito y la misma se mantuvo reprimida artificialmente por los controles de precios y por importaciones baratas mediante un dólar irresponsablemente subsidiado.  

Los superávits de la cuenta corriente de la balanza de pagos de esos años no se reflejaron en aumento de reservas internacionales en manos del BCV por cuanto el régimen de control de cambios vigente desde 2003 propició una monumental fuga de capitales a lo que se agregó la emisión de deuda externa, excesivamente cara que hizo inviable las finanzas públicas y al sector externo. Al asumir Chávez en 1999 la deuda externa se situó en US$ 28.311 millones mientras que en 2012 se ubicó en 107.461 millones.

En materia petrolera, la gestión de Chávez resultó funesta para Venezuela. En 1998 Venezuela produjo 3.288.000 barriles diarios de petróleo  en tanto que en 2012 la producción alcanzó a 2.770.000 barriles por día, lo que denota una caída acumulada de 15,7%. Lo peor ocurrió en PDVSA, que de producir 2.428.000 barriles diarios en 1998, al cerrar 2012 la producción de crudos fue de apenas 1.740.000 barriles, es decir una contracción de 40,5%. El modelo chavista de usar a la industria petrolera exclusivamente como fuente de ingresos fiscales sin que se reinvirtiera en la producción de petróleo, demostró ser totalmente inviable.

Lo que se presenta como el logro de Chávez, la reducción de la pobreza, es también cuestionable. Ciertamente la pobreza de ingresos que en 1998 alcanzó a 28,9%, en 2012 se ubicó en 25%. Sin embargo, dado el significativo nivel de ingreso que recibió Venezuela los logros han debido ser mayores en ese aspecto y ello se refleja en el hecho que muchos de los hogares que salieron de la pobreza lo hicieron de forma transitoria, como luego se demostró. La declinación de la pobreza a partir del año 2000 fue una tendencia general en América Latina destacándose disminuciones fundamentales en Chile, Brasil, Perú y Uruguay.

Chávez, en su intento por deshacerse de los grupos económicos tradicionales de Venezuela, estimuló la formación de un conjunto de asociaciones empresariales, llamada la boliburgueía, que parasitaron en torno al negocio petrolero y al gasto público. Su función no era producir sino aprovecharse del Estado mediante negocios cuestionables, principalmente en la distribución de alimentos. De allí surgió Alex Saab.

 Nicolás Maduro

Durante el régimen presidido por Nicolás Maduro, Venezuela ha vivido una catástrofe económica y social.  Entre 2013 y 2014, el modelo económico basado en la estatización de la economía comenzó a  naufragar. El déficit fiscal asociado a un Estado que no se podía financiar por mecanismos ordinarios teniéndose entonces que recurrir a la emisión de dinero por parte del BCV, una industria petrolera en franco deterioro, un esquema de control de cambio disfuncional que incentivaba la fuga de capitales, finanzas públicas sometidas a presión por el pago de la deuda externa y una inflación reprimida, terminaron expresándose en hiperinflación y contracción de la economía.

Sin que hubiesen disminuido de forma importante los precios del petróleo durante 2013 y 2014 la crisis económica emergió en toda su magnitud. Por tanto, fueron más bien  políticas internas destructivas e incoherentes las que llevaron a una caída del nivel de actividad económica y así, luego del crecimiento económico de 2012 de 5,6%, forzado por la vertiginosa expansión del gasto y del dinero en circulación, en un ambiente de fuerte aumento de las importaciones, la economía comenzó a  retraerse  a lo largo de 2013, en ese año la economía se desaceleró al registrar un incremento del PIB de apenas 1,3%, notablemente menor que el del año anterior en tanto que en 2014 el PIB se contrajo 3,9%.

Conjuntamente con la parálisis de la economía, la inflación que estuvo contenida por los controles y las elevadas importaciones subsidiadas con un dólar barato, se aceleró hasta alcanzar 40,7% en 2013 y 62,2% en 2014, cifras éstas que dejaron bien atrás la tasa de inflación de 20,1% observada en 2012. Ese aumento de la inflación se explica en buena medida por el efecto acumulado de los desórdenes fiscales y monetarios de los años anteriores y la devaluación del bolívar.

Efectivamente, en febrero de 2013, la tasa de cambio oficial se ajustó de Bs­­/US$ 4,30 hasta Bs/US$ 6,30 y se eliminó el corrompido Sistema Transacciones de Títulos en Moneda Extranjera (Sitme) donde imperó una segunda tasa de cambio oficial a Bs/US$ 5,30. Al mismo tiempo se estableció un mecanismo alternativo para la adquisición de divisas, denominado Sistema Cambiario de Administración de Divisas (Sicad I), que asignaría moneda extranjera mediante un tipo de subastas que resultó tan impráctico que posteriormente tuvo que ser rediseñado.

A comienzos de 2014, el gobierno diseñó un nuevo segmento del mercado cambiario que comenzó a funcionar en marzo de 2014, denominado Sicad II, con un tipo de cambio fijo en el entorno de Bs/US$ 50. El funcionamiento del Sicad II claramente no cumplió los objetivos para los cuales fue delineado. Se conformó de esta manera un sistema cambiario más complejo con dos tasas de cambio oficiales más la de un mercado de cambio paralelo que siguió funcionando debido a las restricciones en el acceso a las divisas oficiales. Ello no hizo sino agravar las distorsiones de la economía y potenciar la corrupción en la administración del control de cambio y las presiones inflacionarias ya agravadas por el pronunciado déficit fiscal financiado con emisión de dinero.

El manejo errático de la economía se tradujo en cambios recurrentes en el tren ministerial desde 2013 y de esta manera Jorge Giordani, Nelson Merentes, el General Rodolfo Marco Torres y Rafael Ramírez entre otros funcionarios fueron rotando en diferentes cargos en materia económica, sin que pudiesen diseñar un plan para encarar una crisis ya indiscutible.  Algo similar sucedió en el BCV donde hubo cinco presidentes en cinco años y en PDVSA y el Ministerio de Energía y Petróleo, expuestos estos organismos a permanentes cambios organizaciones en una especie de política de ensayo y error.

Un elemento que conviene mencionar y que afectó severamente el ordenamiento fiscal de Venezuela fue el hecho que una vez que la oposición obtuvo la mayoría calificada  en la Asamblea Nacional que se instaló el 5 de enero de 2016, el gobierno optó por no presentar ante el parlamento nacional la Ley de Presupuesto y la respectiva ley de endeudamiento y mucho menos el Marco Plurianual del Presupuesto y el Acuerdo de Políticas tal como lo establece la Constitución. De esta manera, entre los años 2017 y 2020, Venezuela no contó con la autorización legal para recaudar impuestos y ejecutar gasto. Esta situación parce inconcebible pero fue lo que efectivamente sucedió, como parte del proceso de demolición de las instituciones que llevó a cabo Nicolás Maduro. Igualmente, a partir de febrero de 2016 el régimen de Maduro de manera ilegal utilizó el Decreto de Emergencia Económica para imponer un conjunto de normas contrarias a la ley. 

Durante 2017 y con particular virulencia en 2018, el alza de precios adquirió una velocidad inusitada, al desatarse la hiperinflación en noviembre de 2017. La aceleración de la tasa de inflación fue el resultado de las mayores necesidades de financiamiento monetario en momentos en que el público procuraba deshacerse de los bolívares debido a la pérdida de su poder adquisitivo. De esta manera, mientras más aumentaba el BCV la emisión monetaria, mayor era la inflación.

Los elementos descritos de déficit fiscal y el importante financiamiento monetario se exacerbaron a durante 2018 y 2019 a lo que se agregó el default de la deuda externa a partir de noviembre de 2017 y la caída en picada de la producción petrolera. Ambos factores se han levantado como una barrera a la consecución de financiamiento externo, una vez que el gobierno vendió una parte sustancial de sus activos en moneda extranjera. La precariedad fiscal y el financiamiento monetario del déficit fiscal entre 2018 y 2020 provocaron una significativa devaluación del bolívar que le imprimió fuerza a la hiperinflación, particularmente en 2018.

En vista de la continua depreciación del bolívar y la pérdida de atributos como moneda, en agosto de 2018, el gobierno implementó una especie de moneda virtual o unidad de cuenta, denominada el petro, cuyo valor se fundamentaría en las reservas petroleras y con una relación fija con el precio del barril de petróleo. El petro sería la referencia para fijar el salario mínimo que se había reducido en ese mes a apenas US$ 15 mensuales.

Lo cierto es que esta nueva unidad monetaria muy pronto desapareció ante el empuje de la inflación y la devaluación del bolívar y los salarios colapsaron hasta el punto que a finales de ese año el salario mínimo se situó en menos de US$ 10 mensuales. Simultáneamente, la economía se fue moviendo a un esquema donde cobró fuerza el dólar, como reflejo se la destrucción de valor de la moneda nacional. Durante 2019 y 2020 la caída de los salarios reales llegó al punto que en este último año el salario mínimo alcanzó a US$ 1 mensuales.

En lo relativo al Producto Interno Bruto, éste acentuó su caída en 2015, la cual se profundizó en los años siguientes. Ello fue el resultado esperado de la contracción de la producción petrolera, de la política monetaria que aplicó el BCV en 2017 mediante la cual amentó el encaje bancario hasta 100%, eliminando en los hechos el crédito bancario doméstico y la restricción de financiamiento externo, debido al cierre de los mercados financieros con motivo de la moratoria de la deuda externa en noviembre de 2017 y la declinación de las reservas internacionales. Se estima que entre 2013 y 2020  la economía perdió más 80% del tamaño que tuvo en 2012.

Pocas veces en tempos que no son de conflicto bélico se había visto una caída tan pronunciada de una economía. Ello guarda estrecha relación con el desplome de la producción petrolera, la cual a su vez se explica por la política que aplicó desde 1999  consistente en extraer recursos fiscales de la industria petrolera sin reinvertir al menos una porción mínima de los ingresos que proporcionaron los elevados precios y además por un manejo excesivamente politizado y corrupto del sector petrolero el cual se vio sometido a los vaivenes del ciclo político. La política de expropiaciones de 2007 y 2008, la imposición de una legislación fiscal adversa a la inversión en la industria petrolera y la pérdida de capital humano dan cuenta de la sostenida declinación de la producción- De esta manera, la declinación de la extracción de petróleo evidente desde 2008, se acentuó a partir de 2013, mucho antes de la aplicación de las sanciones por parte del gobierno de Donald Trump en 2019.

Desde el punto de vista externo, los saldos tradicionalmente favorables del comercio exterior que ha tenido la economía venezolana, a partir de 2013 no se tradujeron en acumulación de reservas internacionales debido a la fuga de capitales  asociadas al control de cambio y los pagos de deuda hasta 2017. Contrariamente,  las reservas internacionales cayeron pronunciadamente, dejando a Venezuela en una situación de iliquidez internacional.

 Las salidas de capital fueron incentivadas por el sistema de control de cambios a partir de 2003, mediante el cual la tasa de cambio preferencial se mantenía fija y se sobrevaluaba debido a la inflación, en tanto que la tasa paralela se depreciaba sostenidamente ampliándose de esta manera la brecha entre ambas tasas, con lo cual se creaban los incentivos para realizar importaciones, muchas de las cuales nunca entraron al país o simplemente se trató de sobrefacturaciones. El otro mecanismo expedito para la fuga de capitales fue la colocación de bonos denominados en dólares pero pagaderos en bolívares. Esto constituyó un verdadero acto de irresponsabilidad  donde se colocó masivamente deuda externa con el solo propósito de mantener estable una tasa de cambio que era inviable. El argumento utilizado era que se trataba de drenar liquidez excesiva de la economía, creada por el banco central, y la manera de hacerlo era mediante la venta de dólares, es decir propiciando salidas de capital.

A partir de 2017 el proceso de dolarización de la economía se acentuó como expresión de la falta de confianza en el bolívar. Esta situación ha tenido varios efectos. En primer lugar, ha afectado la recaudación de impuestos debido a que muchas transacciones no se registran, en segundo lugar, ha dificultado la instrumentación de la política monetaria porque la masa de dólares en circulación no puede ser regulada por el BCV y finalmente, la dolarización se ha traducido en un proceso de exclusión social, como no se había visto en Venezuela.

Tal vez el hecho que mejor describe la gestión de Maduro es el aumento de la pobreza. En vista del cuestionamiento de las cifras del INE y el ocultamiento de los indicadores sociales, las universidades Católica Andrés Bello, Simón Bolívar y Central de Venezuela, emprendieron la realización de la Encuesta de Condiciones de Vida (Encovi), cuyos resultados entre 2013 y 2019 registran un incremento exponencial los hogares venezolanos en situación de pobreza, al pasar de 33,1% en  a 96% en esos años. Bajo cualquier método utilizado la verdad irrefutable es un incremento de los índices de pobreza.

Arruinado el país, en medio de una hiperinflación, con la actividad económica hundida, sin reservas internacionales y sin crédito internacional,  en ausencia de un equipo económico capacitado y forzados por los hechos, más no por convicción, los que aplicaron el modelo que fracasó, se presentan ahora como dialogantes con quienes ellos humillaron y etiquetaron como “burguesía ladrona y parasitaria”. Son los mismos que llevaron a cabo los controles de precios y de cambio, los que administraron Cadivi y Cencoex, el mayor foco de corrupción que haya tenido Venezuela, los que aplaudieron las expropiaciones de fincas, hatos y empresas productivas y la estatización de las empresas petroleras. No tienen credibilidad.

Por Ángel Alvarado – Enero 2021

Rich countries mobilised resources at unprecedented levels, but much-needed resources are not reaching developing countries, which could face crippling debt and a liquidity crisis

Antonio Guterres (Secretario General de la ONU)

  • El Banco Mundial estima que el mundo tendrá 150 millones de nuevas personas viviendo por debajo de la línea de pobreza a partir del año 2020 como consecuencia de la crisis sanitaria del COVID-19. El mundo, por primera vez desde 1998, se experimenta un incremento de la pobreza según Naciones Unidas. Para el Programa Mundial para la Alimentación, 130 millones de personas no tuvieron suficiente comida en sus hogares en 2020. La pobreza está en el tapete de la discusión pública actual.
  • Se estima que la caída del PIB en Venezuela para 2020 (-40%) sea superior al resto del mundo y de la región. Esto implica que las consecuencias de la pandemia son más profundas en Venezuela, donde la crisis sanitaria se conjuga con el colapso de los servicios públicos, la hiperinflación, la reducción de las exportaciones petroleras. Esto ha configurado un escenario dramático con niveles de pobreza superiores al 90%.
  • Ante esta situación el Banco Interamericano de Desarrollo ha propuesto “intervenciones específicas para mejorar el ingreso y la nutrición de la población, el acceso a salud y educación y también la adopción de reformas que permitan el retorno de la inversión privada y la dinamización de la economía” (Abuelafia y Saboin, 2020)
  • Esto se concreta en un programa de transferencias directas de dinero no condicionadas casi-universal en el corto plazo que migraría en el mediano plazo hacia un programa de trasferencias focalizadas:

“Dentro de las acciones orientadas a atender las necesidades urgentes de la población se sugiere implementar un programa de transferencias no condicionadas a nivel nacional de cobertura casi universal, con el objetivo de lograr cubrir a la mayor cantidad de la población en el menor tiempo posible, y complementarlo con un programa de transferencias en especie para cubrir situaciones especiales. En el mediano plazo se espera transitar hacia un programa focalizado en aliviar la pobreza y apoyar el consumo de la población más vulnerable por medio de transferencias focalizadas, inicialmente no condicionadas. El costo estimado para el programa de transferencias cuasi universales y de transferencias en especie para el primer año alcanza los US$2.800 millones. Para el segundo año, el monto total es de US$2.954 millones, en cuyo caso las transferencias focalizadas representan más del 50% del total del gasto. Para el tercer año, el costo se ha estimado en US$2.250 millones” (Abuelafia y Saboin, 2020)

  • Esta propuesta es equivalente a un programa de Renta Básica Universal (transferencias de dinero universal y no condicionada) el cual ha venido ganando apoyo en el mundo académico por su efectividad y por la necesidad de redefinir y hacer más eficientes los programas sociales de los Estados modernos. La evidencia empírica es robusta sobre los efectos positivos sobre este tipo de programas en la generación de capacidades de la gente.
  • No hay ningún programa social del que se esté hablando más en el mundo que de la Renta Básica Universal, el cual se ha venido implementado en fase de prueba en 119 países con mil millones de beneficiarios.
  • La Renta Básica Universal es menos costosa que los programas focalizados, más efectiva en Estados débiles sin capacidad de identificar y focalizar la pobreza, al reducir los errores de inclusión en la selección de beneficiarios.
  • Esto lo ha convertido en un programa defendido por distintos grupos del espectro académico, desde los liberales (impuesto negativo de Friedman), hasta las escuelas más intervencionistas que ven en ella una política efectiva en la búsqueda de la equidad.
  • La evidencia empírica sobre los beneficios es abundante, robusta y aceptada por la literatura especializada. A modo de resumen podemos reportar los siguientes hallazgos:
  • Mejoras en la nutrición, y gastos en salud y educación
    • No hay aumentos en el gasto de tabaco o alcohol
  • Aumentos en los gastos de comida.
  • Empoderamiento de la mujer.
    • Si el dinero se la da a la mujer se le ayuda a empoderarla.
  • No hay evidencia que indique que las personas trabajen menos al recibir las transferencias
    • De hecho, un poco más de dinero los lleva a trabajar más, a asumir más riesgos o buscar nuevos trabajos.
  • Es una manera de proveer liquidez o financiamiento a personas excluidas del sistema financiero.
  • Aumento de la banda ancha mental.
    • Mitiga el impuesto mental que implica la pobreza, aumenta la confianza propia y la estima.
  • Reducción de delincuencia, mortalidad infantil, embarazo precoz, absentismo escolar, violencia doméstica
  • Financiamiento: es posible financiar un programa con estas características con organismos multilaterales-como ha sugerido el BID. Para hacerlo sostenible en el largo plazo no harían falta nuevos impuestos, sino el compromiso de aumentar la producción petrolera y destinar 150.000 barriles diarios de petróleo (US$ 55 precio promedio del crudo) para mantenerlo (US$ 3.1MM) en los niveles calculados por la banca multilateral.
  • Un programa más ambicioso ha sido propuesto por (Moreno, 2020) lo cual implicaría destinar 423.000 barriles diarios para atender al 90% de la población mayor de 18 años (US$ 8,5 MM anuales).

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Por el Prof. Luis Oliveros – UNIMET

Cierre de la producción petrolera venezolana del año 2020.

Las cifras de diciembre han confirmado que el año 2020 ha sido uno de los peores años en la historia de la industria petrolera venezolana. El colapso de nuestra industria petrolera no solamente lo debemos medir por el desplome en la producción sino también es importante tener en cuenta el deterioro en el sistema refinador que ha generado una situación de escasez de combustibles en el país. 

Según el informe de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) del mes de enero de 2021, Venezuela produjo en diciembre de 2020 entre 431.000 barriles diarios  (bd) (fuente secundaria) y 441.000 barriles diarios (fuente primaria, el ministerio de Petróleo de Venezuela). Si bien es cierto que ambas cifras significan un descenso importante con respecto a diciembre de 2019 de 51% fuente secundaria y de 41% en la fuente primaria, desde junio de 2020 se ha observado un aumento de 28% y 12% respectivamente. El gráfico 1 (Fuente OPEP) muestra la evolución de la producción petrolera venezolana en el último año.

Gráfico 1

Estos datos reflejan una disminución de entre 37% y 45% respectivamente con respecto al año 2019 pero de cerca de 80% en relación a la producción petrolera que tenía el país para el año 2013.

El gráfico 2 (Fuente OPEP) presenta la evolución de la producción petrolera venezolana, desde abril de 2013 hasta diciembre de 2020 y el gráfico 3 (Fuente OPEP) muestra la producción mensual promedio desde el año 2013 hasta el año 2020.  

Gráfico 2

Gráfico 3

Cuando se revisa la producción de los 13 miembros de la OPEP (fuentes secundarias en el informe de enero 2021), se aprecia que solamente a República Democrática del Congo (269.000 bd), Gabón (180.000 bd) y Guinea Ecuatorial (127.000 bd) produjeron en diciembre de 2020 menos petróleo que Venezuela, así el país termina el año 2020 representando el 1,70% de la producción total de la OPEP y en el puesto número 10. En 2013 representaba el 7,90% (en aquel año había 12 países y tenía el sexto lugar en producción, con 2.327 millones de bd).

En lo que respecta a precios, el Merey (crudo marcador de Venezuela) promedió en el año 2020 en US$ 28,12/b, lo que significa una disminución de 47,96% con respecto a la cotización del año 2019. La cesta OPEP alcanzó a US$ 41,47/b, un 35,24% menos que en 2019. El Merey fue el crudo de menor cotización entre los crudos marcadores de los países miembros de la OPEP. En 2020, el siguiente crudo de menor cotización, fue el Djeno (Congo, con $35,77/b), mientras que, en 2019, el Merey fue el único por debajo de US$ 61/b.

Hay que tener en cuenta que en vista de la difícil situación de la industria petrolera venezolana, a la hora de calcular el valor de la canasta de exportación petrolera del país, el valor del Merey sería una buena aproximación, esto debido a fueron casi nulas las exportaciones de productos en el año 2020. El gráfico 4 presenta el comportamiento del Crudo Merey, desde el año 2009 hasta el año 2020.

Gráfico 4

Una mirada al mercado petrolero

La demanda por petróleo OPEP en el año 2020 se ubicó en unos 22,2 millones de bd, 7,1 millones de bd menos que en el año previo. La demanda total por petróleo promedió en el año unos 90 millones de bd, casi 10 millones de bd menos que en el año 2019. Para el 2021 se espera que la demanda de incremente en unos 6 millones de bd.

En cuanto a la oferta, los países no OPEP colocaron en promedio 62,7 millones de bd, 2,5 millones bd menos que en el 2019. Se espera que un incremento de 800.000 bd en la producción de este grupo de países para el año 2021. La OPEP produjo 25,4 millones de bd en diciembre y esperan mantener ese nivel para el primer trimestre del año. La organización (y el mercado) proyectan que para el segundo trimestre del año 2021 y para el segundo semestre de ese año, el mercado vaya a necesitar incrementos de producción, al esperarse un aumento en la demanda.

En tal sentido, Goldman Sachs cambió sus proyecciones sobre el precio del petróleo para este año 2021, basado en los efectos positivos que tendría la vacuna contra la COVID-19 en las principales economías del mundo. Espera esa firma que la cotización del precio alcance los US$65/b en el verano. JPMorgan también anticipa mayores precios del petróleo para este año 2021, proyectando que el crudo Brent llegaría en el segundo trimestre del año a los US$ 60/b y terminaría el año en torno a los US$ 68/b. 

Por último, es importante revisar el caso de los Estados Unidos. En 2020 importó un promedio de 5,9 millones de bd, su nivel más bajo desde el año 1991. Por otra parte, exportó 3,1 millones de bd, destacando el mes de febrero cuando alcanzó su récord de 3.700.000 bd. 

Ideas Finales

Como hemos dicho muchas veces, las sanciones petroleras de Estados Unidos hacia Venezuela si bien es cierto no son el origen del deterioro de la industria petrolera venezolana, han exacerbado su declive. Actualmente Pdvsa tiene innumerables inconvenientes para comercializar el crudo que produce, esto genera problemas en el almacenamiento, lo que al final trae como consecuencia que tenga que disminuir el ritmo de producción petrolera. Aumentar la producción es fundamental para que Venezuela país pueda generar recursos en divisas que permitirían la recuperación sostenida de la economía venezolana.

Adicionalmente debemos tener en cuenta que las estimaciones de precios para este 2021 son en su mayoría positivas, por lo cual permitiría al país beneficiarse aún más de un incremento en la producción.         

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