En el segundo trimestre de 2024, las cifras de remuneraciones de los trabajadores del sector privado del Área Metropolitana de Caracas, correspondiente a la rama del comercio y los servicios, el cual emplea a más del 60% de los trabajadores, muestran una recuperación tanto con relación al trimestre anterior como a similar lapso de 2023.

Así, la remuneración promedio se situó en US$ 231 mensuales, mayor que los US$ 225 del trimestre previo, en tanto que las devengadas por los gerentes alcanzó a en US$ 497 versus US$ 485, la de los profesionales y técnicos fue US$ 343 comparados con US$ 332 en tanto que los obreros devengaron promedio US$ 209, ligeramente superiores a los US$ 205 del trimestre precedente.

A nivel regional, se continúa registrando una gran disparidad en los estados Anzoátegui y Nueva Esparta respecto al promedio nacional, no así en Zulia donde la remuneración promedio totalizó US$ 203. En Anzoátegui y Nueva Esparta alcanzaron US$ 93 y US$ 182, respectivamente.

La remuneración promedio del sector privado durante el trimestre en referencia permitió adquirir apenas un 40% del costo de la canasta alimentaria, en comparación con apenas 15% para los empleados activos del sector público.

Con base en las opiniones recogidas entre especialistas en economía y finanzas, el Observatorio Venezolano de Finanzas revela los hallazgos de su encuesta de expectativas económicas para julio de 2024. La encuesta analiza las proyecciones para la inflación, el crecimiento del PIB y el tipo de cambio a finales del presente año. 

La encuesta muestra una leve disminución de la proyección de crecimiento económico (-0,3%) asociada a la incertidumbre de las elecciones presidenciales del próximo 28 de julio y sus implicaciones en términos de sanciones. Igualmente los agentes disminuyeron significativamente las expectativas inflacionarias para el cierre del año (-17,5%) debido a la contención del tipo de cambio; finalmente la estimación del tipo de cambio para el cierre del año se mantiene en 40 Bs/$.

Cuadro 1

Resultados de la Encuesta de Expectativas Económicas 2024

  Mediana Rango Tendencia Central
  2024 2024 2024
Proyección del tipo de Cambio (Bs/US$) 45 40-55 43,8
Proyección tasa de Inflación (%) 40 30-50 38,5
Actividad Económica 5 4 – 6 5,6

Nota: Las proyecciones de cambio en el producto interno bruto (PIB) real son cambios porcentuales interanuales. Las proyecciones de inflación son cambios porcentuales de índices de precios interanuales para 2024. Las proyecciones del tipo de cambio son al 31 de diciembre de 2024.

  1. Para cada período, la mediana es la proyección intermedia cuando las proyecciones se disponen de menor a mayor. Cuando el número de proyecciones es par, la mediana es el promedio de las dos proyecciones intermedias.
  2. La tendencia central excluye las tres proyecciones más altas y las tres más bajas para cada variable en cada año.
  3. El rango para una variable en un año dado incluye todas las proyecciones de los participantes, desde la más baja hasta la más alta, para esa variable en ese año.

Las proyecciones de cada participante se basaron en la información disponible en el momento de la encuesta, así como suposiciones sobre otros factores que probablemente afectarían los resultados económicos. Estas proyecciones están sujetas a una considerable incertidumbre. Los modelos económicos y estadísticos, así como las relaciones utilizadas para generar pronósticos económicos, son descripciones necesariamente imperfectas del mundo real, y el camino futuro de la economía puede verse afectado por innumerables desarrollos y eventos imprevistos.

Daniel Cadenas

La Torta de la Desigualdad: ¿Quién se come las rebanadas más grandes en Venezuela?

Venezuela, un país con una historia de contrastes, es también un territorio marcado por la desigualdad. Que somos una sociedad profundamente desigual es un hecho conocido, pero ¿qué nos dice la distribución funcional del ingreso sobre este problema?

Sabemos por la encuesta ENCOVI 2023 que el 10% más rico de la población venezolana percibe en promedio, ingresos 34 veces mayores que el 10% más pobre, una cifra escandalosa que supera ampliamente la media latinoamericana. En América Latina y el Caribe, la región más desigual del mundo, el 10% más rico de la población tiene en promedio ingresos 12 veces mayores que el 10% más pobres.

Estudios como el de Anova Policy Research (2022) revelan que el 20% superior de la distribución concentra el 61% del ingreso total del país, evidenciando una concentración del ingreso sin precedentes.

La desigualdad en la distribución del ingreso, que generalmente se mide observando el reparto entre individuos y familias, es solo una parte de la historia y se corresponde con lo que se denomina la “distribución personal del ingreso”. Para entender las causas de esta brecha, debemos analizar la “distribución funcional del ingreso”.

Esta perspectiva nos permite observar cómo se reparte el ingreso nacional entre los factores de producción: salarios para los trabajadores y rentas para los dueños del capital (físico, financiero y tierra).

Imaginen una torta. La distribución personal del ingreso nos dice cómo se reparten las rebanadas entre las personas. La distribución funcional nos dice quién hizo la torta y cómo se reparten los ingredientes (trabajo y capital) para hacerla.

Los datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) nos muestran un panorama preocupante. La participación del trabajo en el PIB venezolano (la proporción de la producción que corresponde a los trabajadores), ha estado por debajo de la media latinoamericana durante años. Desde 2014, la brecha se ha ampliado dramáticamente: mientras la media regional era de 51% en 2020, en Venezuela era solo del 10,2%

Los datos revelan un retroceso alarmante de las remuneraciones laborales como porcentaje del PIB. Desde un 39,5% en 2004, esta proporción creció hasta llegar a su punto máximo en 2014 con un 48,2%. Luego, en paralelo al colapso de la economía, los ingresos laborales se desplomaron hasta alcanzar un 10,2% en 2020.

Esta cifra es incluso inferior a la media de las economías menos desarrolladas del mundo, como puede apreciarse en la siguiente gráfica:

La fuerte correlación entre la participación laboral en el PIB y el tamaño de la economía nos indica que el colapso macroeconómico no ha afectado a todos los factores de producción de manera equitativa.

Es decir, la torta se ha hecho más pequeña para todos, pero el número de rebanadas del capital ha aumentado, mientras que las del trabajo se han reducido drásticamente. El trabajo ha sido el factor de producción más perjudicado por el colapso.Mientras durante el periodo 2014-2020 la economía perdió un 75% de su tamaño, los ingresos laborales como proporción del PIB cayeron un 79%, mientras las remuneraciones a las diversas formas de capital como proporción del PIB (utilidades de las sociedades mercantiles, alquileres, intereses) se incrementaron un 73%.Este descenso, ha supuesto una transferencia de varios miles de millones de dólares desde ingresos del trabajo a rentas del capital. Una hipótesis a investigar es si el salario se ha utilizado como variable de ajuste, para mantener la menguada rentabilidad de los negocios y la supervivencia de las empresas en un entorno de crisis.

Si bien la serie de datos solo está disponible hasta 2020, es razonable pensar que la desigualdad en la distribución funcional del ingreso se ha detenido, dado que la recuperación económica comenzó en 2021. Un modelo propio proyecta que la participación de los ingresos laborales en el PIB ha mejorado hasta un 26% en 2023, pero aún muy lejos de las mejores épocas y de la media regional.

Las causas de este retroceso son complejas y requieren un análisis multifactorial posterior y más profundo. Entre las posibles o hipotéticas causas a investigar, se encuentran:

  • El efecto del colapso macroeconómico: Las empresas adoptaron el uso del salario como variable de ajuste para sobrevivir en un entorno de contracción de la demanda.
  • El efecto erosivo de la hiperinflación: La hiperinflación del periodo 2017-2021 erosionó el poder adquisitivo de los salarios. Una parte de ese deterioro va a ser transitoria, pero otra parte será difícil de revertir.
  • La política económica anti-inflacionaria: La política económica del gobierno desde 2018 al presente, está basada no solo en un ancla nominal (tipo de cambio) sino que incluye también una recesiva ancla real (el salario), lo cual ha limitado el crecimiento de los ingresos laborales, no solo publicos, sino tambien privados.
  • Los salarios reales han caído mucho más que la productividad laboral, por lo que los trabajadores no están recibiendo una remuneración proporcional a su aporte al proceso productivo.
  • La proliferación de los empleos informales.
  • El Crony Capitalism o capitalismo clientelista, como nueva forma de organizar la producción y la distribución de la renta.

La desigualdad en Venezuela no solo es inaceptablemente alta, sino que puede incluso volverse cada vez más “hereditaria” al fallar la educación como mecanismo tradicional de movilidad social, lo que representa un riesgo importante.

Un sistema cuyo único mecanismo de movilidad social son las conexiones con el poder y las actividades ilícitas, es altamente excluyente y perpetuador de la desigualdad. Es fundamental promover un crecimiento económico sostenido, que genere empleos productivos y formales, especialmente en la industria manufacturera privada.

Solo así, la economía venezolana podrá renacer y construir un futuro más justo para todos.

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En junio de 2024, la tasa de inflación mensual se situó en 2,4%, en tanto las tasas anualizadas y acumuladas alcanzaron 68% y 18,1%, respectivamente. Los rubros que mostraron los mayores aumentos fueron servicios con 8%, comunicaciones 4,9%, equipamiento del hogar 3,7% y educación 3%.

A nivel de detalles, el aseo urbano se incrementó 7,9%, la televisión por cable 7,1%, la telefonía celular 6,3% y la telefonía fija 7,3%.

A nivel regional, en el Distrito Capital la inflación mensual fue 1,6%, en Anzoátegui 4,8%, Nueva Esparta 2,2% y en Zulia 2,7%.

Esta desaceleración de la inflación se explica por la apreciación nominal del bolívar respecto al dólar. Efectivamente, en junio la tasa de cambio disminuyó 0,25%. Igualmente influyó en este resultado la contención salarial que ha venido aplicando el gobierno.

Conviene mencionar que la tasa de inflación de 2,4% en junio fue significativamente mayor que la variación del tipo de cambio, en tanto que en términos anualizados, en junio el tipo de cambio de depreció 30%, mientras que la inflación en ese lapso totalizó 68%

Ello significa que la tasa de inflación doméstica es 2,7 veces mayor que la depreciación nominal del tipo de cambio, con lo cual el poder de compra interno del bolívar ha caído en tanto que su poder de compra externo ha aumentado. Ello sugiere que está sucediendo un progresivo y notorio atraso del tipo de cambio real, que se está reflejando en una afectación de la producción local, la cual no puede competir con los bienes importados, abaratados por la política mantener cuasi fijo en tipo de cambio, en un contexto de alta inflación.