• En Venezuela no hay gasolina por la irresponsabilidad de quienes manejan la industria petrolera
  • La recuperación del complejo refinador de Venezuela es totalmente viable
  • Para abastecer el mercado nacional durante seis meses habrá que importar 100 mil barriles diarios de gasolina, mientras se recuperan la refinerías
  1.  Doctor Castro. Venezuela construyó durante años un  parque refinador con más de un millón de barriles diarios de capacidad, sin embargo, actualmente es notoria la escasez de gasolina. ¿A qué factores atribuye usted esa escasez?

La escasez de combustibles en el país es producto de la irresponsabilidad en la satisfacción de las necesidades  de los consumidores venezolanos por parte del único proveedor de acuerdo a nuestra legislación que es el Estado venezolano, representado por el actual gobierno, el único que puede importar combustibles y fabricarlos en Venezuela es el Estado y actualmente no puede producirlo dado la situación en que se encuentra, producto de su desidia,  el parque refinador y como tiene extraordinarias dificultades económicas no puede importarlo de otros países como hizo hace unos meses desde Irán. Vale la pena acotar que el actual gobierno considera que los venezolanos son usuarios del combustible y no los considera consumidores quizás por ello también piensa que al ser usuarios están sujetos a recibir lo que se les pueda o quiera dar y no a satisfacer plenamente sus necesidades.

  •    ¿Cree usted posible la recuperación del parque refinador de Venezuela? ¿Cuáles serían las premisas para esa recuperación?

La recuperación del parque refinador es absolutamente viable, pero es imprescindible detener cada una de las refinerías, evaluarlas integralmente y realizar todos los protocolos pautados y experimentados desde hace tantos años utilizando los repuestos adecuados y el personal técnicamente capacitado para su puesta en marcha cuando se esté absolutamente seguro de su viabilidad técnica y económica a fin de evitar paradas intempestivas y daños mayores a estas delicadas instalaciones.

  •      Desde el punto de vista de la producción y distribución, ¿qué habría que hacer para que los venezolanos tengan gasolina de forma estable y permanente?

Sobre la base de la situación actual es imprescindible durante un periodo estimado de por lo menos 6 meses importar por lo menos ciento cincuenta mil barriles de gasolina, cien mil barriles de Diesel y Cincuenta mil Barriles de Gas Licuado de Petróleo (GLP) en forma continua y el cual se iría ajustando a medida que se hayan adecuado nuestras refinerías y este producto podría ser pagado con producción de petróleo venezolano.

Para acabar con las manipulaciones y vicios actuales es imprescindible que se vendan los productos en todos los sitios posibles, en  todas las estaciones de servicio y que los consumidores puedan retirarlos sin limitaciones en las plantas de distribución, sin límite de horario y/o cantidad.  El precio de venta  debe ser al valor alterno de importación más un ligero margen de gastos de manejo y comercialización. Es necesario establecer un subsidio directo a la población de menores recursos por el impacto que pudiese ocasionar la sinceración de los precios de venta al público.

Ramón Castro. Licenciado en Administración de Empresas 1969, Contaduría Pública 1971 y Magister en Administración de Empresas 1971 en la Universidad Central de Venezuela. Magister en Defensa Nacional en el Instituto de Altos Estudios de La Defensa Nacional de Venezuela. 1984-1985. Treinta y cinco años de experiencia la Industria Petrolera Venezolana, hasta ocupar la Vicepresidencia de DELTAVEN.

  • La crisis económica venezolana es la mayor contracción económica vista en América Latina y una de las diez más grandes vistas en el mundo desde 1950
  • No hubiésemos llegado a esta situación de no ser por los repetidos y persistentes errores de política que, aunados a la corrupción y mala gerencia, llevaron a que la economía venezolana desperdiciase el mayor boom de ingresos por recursos naturales visto por cualquier país latinoamericano en este siglo
  • La insistencia por el expresidente Chávez en aplicar un modelo económico de economía dirigida por el Estado con altos niveles de regulación e interferencia con el sistema de precios y elevada inseguridad en la estabilidad de los derechos de propiedad atizó la conflictividad política.
  • La principal discusión en Venezuela ya no es entre dos modelos económicos: es entre dos modelos políticos.  Por un lado, nos encontramos con un partido de gobierno con aspiraciones hegemónicas que está dispuesto a reprimir, si es necesario brutalmente, a la disidencia política, y por otro lado tenemos una sociedad civil que quiere vivir en un país en el que se respeten los derechos políticos y civiles y la alternancia democrática. 
  • Tiene que implementarse un programa de estabilización y reformas económicas que busque recuperar las pérdidas de productividad y emprender un proceso de crecimiento en el que el sector privado juegue un rol fundamental

1.         Profesor Rodríguez. Usted está por publicar un libro titulado Scorched Earth: The Political Economy of Venezuela`s economic collapse 2012-2020 (Tierra Arrasada. La Economía Política del Colapso Económico de Venezuela 2012-2020). ¿Cuáles son las principales conclusiones y argumentos de ese trabajo?

Tierra Arrasada busca entender las razones detrás del colapso económico vivido en Venezuela en la última década.  La crisis económica venezolana es la mayor contracción económica vista en América Latina y una de las diez más grandes vistas en el mundo desde 1950.  Este tipo de contracciones usualmente ocurren sólo en países que atraviesan conflictos armados.  Parte del argumento crucial de mi libro es que no se puede entender la crisis venezolana sin entender por qué y cómo sus actores políticos tomaron la decisión de adoptar estrategias de lucha por el poder que tenían costos significativos para la economía.  Ello nos llevó a entrar, con particular intensidad a partir de 2017, en un proceso de conflicto político económicamente destructivo, en el cual los actores políticos hacen esencialmente lo que hacen algunos ejércitos en guerra: buscan destruir los recursos que le pueden ser útil a su adversario, aún si hacerlo daña la base productiva de la sociedad.

Claro está que no hubiésemos llegado a esta situación de no ser por los repetidos y persistentes errores de política que, aunados a la corrupción y mala gerencia, llevaron a que la economía venezolana desperdiciase el mayor boom de ingresos por recursos naturales visto por cualquier país latinoamericano en este siglo.  Este es un proceso que describí en mi artículo “Una Revolución Vacía” [An Empty Revolution] publicado en Foreign Affairs en 2008.  La revolución bolivariana solo era económica y políticamente sostenible bajo términos de intercambio muy favorables.  Lo que vemos a partir de 2014 es que el sistema económico y político no tiene la capacidad de lidiar con un choque negativo de términos de intercambio de gran magnitud y responder al mismo tiempo a las exigencias de los votantes y a las de sectores claves para mantenerse en el poder, tales como las fuerzas armadas.  Al Maduro enfrentar esa elección e inclinarse por proteger el apoyo militar a costa del bienestar y los derechos políticos y humanos de los venezolanos, se precipita la crisis de gobernanza que lleva en última instancia al desconocimiento internacional y la imposición de sanciones, con costos económicos altísimos para toda la sociedad.

2.         El modelo económico y político del socialismo del siglo XXI ha sido ampliamente rechazado por la mayoría de los venezolanos. Sin embargo se insiste en su aplicación. No creo usted que este es un factor que ha aumentado la radicalización de la oposición?

Ciertamente la insistencia por el expresidente Chávez en aplicar un modelo económico de economía dirigida por el Estado con altos niveles de regulación e interferencia con el sistema de precios y elevada inseguridad en la estabilidad de los derechos de propiedad atizó la conflictividad política.  Chávez siempre vio el conflicto político como una forma de imponer su visión, y no como una arena en la cual buscar acuerdos que hiciesen posible la gobernanza.  Parte de lo que ocurre con los cambios políticos que se dan después de la Constitución de 1999 es que el sistema político venezolano se convierte en un sistema donde el ganador se lo lleva todo y el costo de perder la contienda política es altísimo.  Ello también potencia la radicalización en un sector de la sociedad que se siente totalmente excluido de la toma de decisiones.

Ahora, algo importante que pasa en los últimos años es que la fuerza de las circunstancias ha obligado al gobierno de Maduro a llevar adelante algunas reformas económicas, tales como la unificación cambiaria, dolarización, reducción en los controles de precios, e intentos por atraer la inversión extranjera, que han traído un mínimo de racionalidad al manejo de la economía.  Venezuela dista aún mucho de ser un país bien manejado, pero no está tan mal manejado como lo estaba en la primera mitad del gobierno de Maduro.  Esto no es inusual, y ocurre mucho en gobiernos que enfrentan crisis fiscales – recordemos por ejemplo el viraje de políticas económicas a mitad del segundo gobierno de Rafael Caldera.  Pero ello quiere decir que la principal discusión en Venezuela ya no es entre dos modelos económicos: es entre dos modelos políticos.  Por un lado, nos encontramos con un partido de gobierno con aspiraciones hegemónicas que está dispuesto a reprimir, si es necesario brutalmente, a la disidencia política, y por otro lado tenemos una sociedad civil que quiere vivir en un país en el que se respeten los derechos políticos y civiles y la alternancia democrática.  Y claro está, tenemos mutaciones de ambos bandos en los que se mezclan distintos grados de concepción del poder y la alternabilidad.  Pero creo que ya la discusión no es entre socialismo y economía de mercado, sino entre autocracia y democracia. 

3.         Hablando de la coyuntura económica de Venezuela. Hay una combinación letal de contracción prologada de la economía e hiperinflación, en medio de un déficit fiscal significativo y una severa restricción de divisas. ¿Cómo salir de esta situación?

La crisis humanitaria y económica venezolana es esencialmente consecuencia de un desplome de más del 90 por ciento en nuestros ingresos por exportaciones petroleras.  Venezuela vendía casi 100 mil millones de dólares al resto del mundo hace nueve años, y hoy vende menos de 10 mil millones de dólares.  Independientemente de la causa de esa caída en ingresos – y entre los economistas hemos discutido mucho el rol de varios factores, incluyendo la desinversión, mala gerencia y excesiva presión fiscal sobre PDVSA, y las sanciones económicas – la mayoría de los otros problemas económicos son derivación de ese colapso en los ingresos en divisas de la nación.  Si bien estoy de acuerdo con que los altos niveles de gasto tuvieron mucho que ver con cómo entramos en la crisis fiscal, no creo que sean el problema actual.  Si un país donde la nómina salarial es el principal componente del gasto público y el gobierno paga menos de 5 dólares al mes a sus empleados tiene un problema fiscal, ese no puede ser un problema de gastos.  Ese es un problema de ingresos.

Por lo tanto, el primer objetivo debe ser el de reinsertar a la economía venezolana en la economía mundial, reconstruyendo los vínculos que nos permiten intercambiar bienes, disponer de activos y buscar financiamiento y así volver a tener un ingreso de divisas que permita que esta economía funcione.  Cómo esto puede ocurrir en un contexto de sanciones tiene que ver con cuánto puede avanzar el diálogo político.  Claro está, la reinserción en la economía mundial es una condición necesaria pero no suficiente.  Tiene que implementarse un programa de estabilización y reformas económicas que busque recuperar las pérdidas de productividad y emprender un proceso de crecimiento en el que el sector privado juegue un rol fundamental.  En ese contexto complejo, creo que la adopción de una moneda sólida como el dólar estadounidense, con el compromiso explícito de abandonar el impuesto inflacionario como fuente de financiamiento del gasto público, puede servir para recuperar la confianza de los actores económicos en un compromiso de estabilidad de precios que permitiría, en conjugación con otras reformas macro y microeconómicas, sentar las bases para un proceso de crecimiento sostenible e incluyente.

Francisco Rodríguez. Es economista de la UCAB y tiene un PhD en Economía de Harvard University. Es Director y Fundador de la Fundación Petróleo por Venezuela.  Ha sido profesor e investigador en la Universidad de Maryland, Wesleyan University, Tulane University, la Universidad de Notre Dame y el IESA. Ha publicado más de 50 artículos en publicaciones especializadas, incluyendo el Journal of Economic Growth, NBER Macroeconomics Annual, Journal of Macroeconomics y el American Economic Journal.

En la mañana de este lunes 9 de agosto el Observatorio Venezolano de Finanzas y el Centro de Investigaciones Populares, reveló al país las cifras relativas al indicador del Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) correspondiente al mes de julio del año 2021. En su exposición, mencionó que la inflación mensual llegó a 19,0%, la inflación interanual a 1,984% y la inflación acumulada a 415,7%, observando una aceleración de la inflación respecto al mes de junio debido principalmente a una mayor tasa de crecimiento de la liquidez monetaria, de 46% aproximadamente, y una depreciación del tipo de cambio alrededor de 24%. Asimismo, Alvarado enumeró los rubros con mayor variación, siendo el de Educación el primero con 36,1% debido principalmente a la finalización del año escolar, el reajuste de tarifas en la educación privada de cara al nuevo período escolar y el pago de inscripciones asociado a este proceso. Seguido por el rubro de Equipamiento del hogar con 31,6% y Esparcimiento con 27,2%. De igual manera, se evidenció un crecimiento de la canasta de alimentos en divisas la cual ha llegado a su máximo histórico de US$ 303,08 (BS. 1.133.611.917,58) para una familia de 5 miembros, creciendo 44,32% desde noviembre de 2020 y 20,6% desde enero de 2021. “Para el mes de Julio el salario mínimo se sitúa en 1,87$ (Bs. 7.000.000), es decir, se necesitarían 162 salarios mínimos para cubrir la canasta alimentaria, 26 salarios mínimos adicionales respecto al mes anterior”, lamentó el fundador del OVF. En torno al reciente anuncio del Bolívar Digital a partir del 1 de octubre, Alvarado indicó que esta sería la tercera reconversión monetaria en trece (13) años y en esta oportunidad se eliminarán seis (6) ceros a la moneda nacional, lo que daría como resultado la eliminación de catorce (14) ceros a la moneda desde el año 2008. Adicionalmente afirmó que “Las reconversiones monetarias aplicadas son la siguientes: 1/1/2008-20/08/2018:  Bolívar Fuerte, eliminación de tres (3) ceros; 20/08/2018-1/10/2021: Bolívar Soberano, eliminación de cinco (5) ceros; 1/10/2021-: Bolívar Digital, eliminación de seis (6) ceros” El economista explicó que, “1 Bolívar digital en octubre de 2021 equivaldría a Bs. 100 000 000 000 000. Si se toma como referencia la tasa de cambio del BCV de hoy 9 de agosto: 4.068.823,03 y aplicáramos la reconversión el día de hoy, la tasa de cambio sería en términos aproximados: 4,07 Bs/US$. Re expresando esta cifra en términos previos a las reconversiones el tipo de cambio sería de 407 000 000 000 000 Bs/US$. Esta es la magnitud del desastre económico”. Según los expertos, la aplicación de una tercera reconversión monetaria refleja el mal manejo de la economía. “Significa una decisión que podría permitir mejorar las transacciones a través de un maquillaje contable, pero en términos reales y bajo ningún concepto resolverá el grave problema de la inflación que atraviesa el país”, argumentó Alvarado. En el mismo sentido, comentó que para estabilizar los precios y vencer la inflación se necesita un programa de reformas económicas con la credibilidad y los incentivos necesarios para ser desarrollado a plenitud. enfatizó. Por otro lado, la socióloga Mirla Pérez opinó sobre las implicaciones de la hiperinflación en las condiciones de vida asegurando que, las precarias condiciones de vida son útiles al sistema para dominar y someter. “Un sujeto aislado, con hambre e inmovilizado es mejor para manipular. El venezolano es admirable por cómo logra sobreponerse en la economía familiar, tratando de formar una red que le permita sobrevivir”, resaltó. Pérez proyectó que el costo de la canasta significa que, en una familia de 5 miembros, cada una debe aportar US$ 60, por lo que deben gastar US$ 10,12 solo en comida precisó. “Hablar de pobreza y hambre es hablar de muerte en Venezuela”, sentenció la socióloga. En cuanto al alto costo de la vida, mencionó que el aislamiento territorial es producto de la inmovilidad por falta de combustible, repuestos, electricidad o comunicación impulsando a los venezolanos a la pobreza y al mercado negro. Sobre este punto, el también sociólogo Alexander Campos miembro del Centro de Investigaciones Populares, el cual recolecta datos de precios en comercios del país y distintos aspectos de la vida de los comerciantes, alertó que el mes pasado los temas que más preocuparon a los comerciantes fueron: la reconversión y factores delincuenciales. “Desde hace tiempo ya había una propia re expresión del bolívar, el millón (BS. 1.000.000) ya era mil bolívares (Bs. 1.000). La gente va resolviendo por su cuenta sin esperar nada del régimen, buscando sus propias soluciones”, enfatizó.
  • Aunque Chávez no tenía una política petrolera como tal cuando llega a la presidencia, pues su conocimiento del sector era muy superficial, se pliega a las opiniones que promovían los sectores de izquierda que lo acompañan, siendo Ali Rodríguez Araque y sus asesores las figuras más notables. Entre el 1999-2002, Chávez se centra es en tratar de tomar control de PDVSA para ponerla al servicio de su programa político.
  • Es difícil entender la táctica utilizada por Chávez y Rodríguez Araque para manejar la situación de PDVSA en el contexto del paro cívico de 2002: despedir la capa directiva de PDVSA era, si se quiere, una decisión entendible, pero despedir 50% de los trabajadores que hacían funcionar la industria que le da de comer al país, rayaba en lo demencial.
  • Durante el período 2000-2013 Venezuela pierde 1.700.000 barriles por día de potencial de producción, la mayoría de ella en PDVSA; es una aritmética sencilla: PDVSA perdía capacidad de producción propia que era compensada por la entrada paulatina de los proyectos de la Apertura Petrolera.
  • En el período 2014 -2021 Venezuela pierde 2.100.000 barriles por día de capacidad de producción producto de mala gerencia, falta de inversión y la corrupción.
  • El Plan de Siembra Petrolera no era más que los objetivos de la Estrategia de Apertura Petrolera redescubiertos y reempaquetados. Pero habiendo desmantelado el andamiaje institucional que lo hubiese permitido, y sin las capacidades técnicas y gerenciales que habían destruido, tenía pocas probabilidades de éxito.
  • Una política petrolera para Venezuela debe partir del hecho de que en el corto y mediano plazo no creo que exista una mejor palanca de desarrollo que el petróleo tanto como motor de actividad industrial, como de generación de divisas e ingreso fiscal.
  1. Doctor Pacheco. En  febrero de 1999 cundo Chávez asumió la presidencia, Venezuela estaba en una fase de expansión de la producción petrolera, la cual alcanzó en 1998 cerca de 3.500.000 barriles diarios. Chávez se propuso revertir la política de aumento de la producción. ¿Cuál es su opinión acerca de esa decisión?

Aunque Chávez no tenía una política petrolera como tal cuando llega a la presidencia, pues su conocimiento del sector era muy superficial, se pliega a las opiniones que promovían los sectores de izquierda que lo acompañan, siendo Ali Rodríguez Araque y sus asesores las figuras más notables. También hay que recordar que el año 1997-1978 había visto un colapso de los precios del petróleo, producto del llamado “contagio asiático”, y que esto había conducido a la OPEP y a países como Noruega y México a negociar una reducción de la producción mundial para tratar de recuperar los precios. Es esta dinámica la que la Administración Chávez hereda y no tiene más remedio que seguir esa inercia en su primer año reduciendo la producción, pero no creo que haya sido una política en ese momento. Por otro lado, aunque el entonces ministro Ali Rodríguez Araque  era un enemigo histórico de la Apertura Petrolera, durante su corta gestión inicial no impulsa acciones para revertir los avances que en ese sentido promovió  la administración anterior, a excepción de querer forzar cumplimiento de las cuotas OPEP. La Ley Orgánica de Hidrocarburos Gaseosos, de 1999, que se venía discutiendo previo a la elección de Chávez, es de hecho una ley moderna en el espíritu de atraer capital privado al sector y eliminar el monopolio estatal.

 Yo diría que entre el 1999-2002, Chávez se centra es en tratar de tomar control de PDVSA para ponerla al servicio de su programa político, cosa que le resulta muy cuesta arriba dado los obstáculos que la institucionalidad existente, la cultura organizacional y los procesos internos le presentaba – en ese período hay cuatro presidentes de PDVSA.

Es en 2001, con la introducción de la nueva Ley Orgánica de Hidrocarburos, impulsada por el ministro  Álvaro Silva Calderón, cuando empieza a tomar forma una política petrolera propia, pero no podemos decir que está centrada en reducir la producción o proteger los precios, ya que el mercado internacional entraba en lo que sería un súper-ciclo de crecimiento de precios, demanda y producción, que duraría hasta el 2014, y hacía esos objetivos históricos, redundantes. La política petrolera se comienza a centrar entonces en dos objetivos implícitos: reforzar el rol del ministerio y aumentar la renta petrolera estatal, tanto de la producción propia de PDVSA como de aquella operada por el capital privado, modificando el régimen fiscal (regalías e impuestos), y cambiando los porcentajes que los privados pueden tener en las empresas mixtas.

Para mi es muy llamativo que las leyes orgánicas de Hidrocarburos Gaseosos y de Hidrocarburos Líquidos del 1999 y 2001 (la política petrolera de Chávez), con todo y sus indudables falencias de hecho “legitiman” el retorno del capital privado a la industria de los hidrocarburos venezolana que había comenzado con la llamada Apertura Petrolera, dejando en el desván la Ley estatizadora de 1975. De hecho, la Ley Orgánica de Hidrocarburos gaseosos establece una apertura total de ese sector y ni siquiera obliga a la participación del Estado, mientras que la Ley Orgánica de Hidrocarburos si obliga a que el Estado tenga una participación mayoritaria y tiene clausulas que claramente desincentivan la inversión. Otra cosa pasaría del 2003 en adelante, cuando a la luz de altos precios del petróleo y la situación política interna, la Administración Chávez revertiría a los anacrónicos discursos de monopolio estatal.

2.       Uno de los elementos que afecta la industria es la carencia de trabajadores calificados en todas las áreas, en buena parte como consecuencia del despido de más de veinte mil trabajadores durante el paro petrolero de 2002. ¿Cuál es su valoración de ese hecho?

Lo primero que debo decir es que en mi experiencia no existió tal cosa como el “Paro Petrolero”, esa es la narrativa oficial. No hay que olvidar que después de los hechos de abril del 2002, que llevaron a la renuncia del entonces presidente Chávez y su posterior regreso, se instaura en el país una suerte de “calma chicha”, de la cual no se escapa PDVSA y sus trabajadores. Ali Rodríguez regresa de la OPEP, donde ocupaba la posición de secretario general, y se pone a la cabeza de una PDVSA en crisis interna, y lejos de buscar tender puentes, incentiva las divisiones internas. Cuando el paro patronal/laboral del país de finales del 2002 se trastoca en huelga general y fracasa, Chávez y Rodríguez Araque  consiguen la excusa perfecta para tomar control finalmente de PDVSA, y la ruta que eligen es la de una masacre laboral en PDVSA. Ahora bien, más allá del juicio que la historia haga sobre este llamado Paro Cívico, convocado por FEDECAMARAS y la CTV, y de como este arrastra al abismo a los trabajadores petroleros, es difícil entender la táctica utilizada por Chávez y Rodríguez Araque para manejar esa crisis: despedir la capa directiva de PDVSA era, si se quiere, una decisión entendible, despedir 50% de los trabajadores que hacían funcionar la industria que le da de comer al país, rayaba en lo demencial. ¿Era un ejemplo atemorizante para el país opositor? ¿No sabían lo que hacían? ¿Se convencieron de que los trabajadores eran fácilmente reemplazables o innecesarios? ¿fue una decisión delirante a la que nadie se atrevió a contradecir? ¿o una combinación de todo lo anterior?

La verdad objetiva es que esa masacre laboral tuvo tres consecuencias principales: Primero, el país perdió millones de años de experiencia y conocimiento que ganaron nuestros vecinos, socios y hasta nuestros competidores en el negocio petrolero – las primeras migraciones. Los resultados negativos de esa incomprensible decisión se empezarían a ver pronto en el mediocre desempeño de las sucesivas administraciones de PDVSA, situación que no ha hecho sino empeorar. Segundo, ocasionó un daño humano incalculable a miles de familias venezolanas, legado que aun arrastramos. Y tercero, transformó a PDVSA en un apéndice del poder político de turno, destruyendo décadas de desarrollo institucional y sembrando la ineficacia y corrupción por venir.

No podemos olvidar tampoco que no solo fueron los trabajadores de PDVSA despedidos, sino que fueron perseguidos y vetados para que no pudieran trabajar en ningún sector de la industria. Estas listas negras aún perduran como muestra del talante inquisidor del régimen chavista y en particular de la administración de Rafael Ramírez: un episodio vergonzoso de nuestra historia.

3. Es evidente el deterioro de la industria petrolera de Venezuela durante los veintidós años de los gobiernos de Chávez y Maduro Tal vez el signo más evidente de ello es la caída de la producción, visible al menos  desde 2010. ¿A qué atribuye usted ese hecho?

Contestar esa pregunta nos llevaría mucho tiempo, no solo porque las razones son varias, sino también porque el deterioro va mucho más allá de sus capacidades operacionales, se ha corroído la fábrica moral de la institución.

En un primer análisis, no hay duda de que la masacre laboral del 2002/2003 es una de las causas primarias de ese deterioro. Aun siendo el liderazgo que instauro Chávez en PDVSA mediocre, este hubiera podido guiar medianamente la organización si el sistema hubiese estado funcionado, pero como decidieron hacer un homicidio organizacional despidiendo a una gran mayoría de los que hacía trabajar la industria, el fracaso estaba asegurado. Esto no es decir que los trabajadores  que quedaron eran incompetentes, el tejido social de la empresa había sido irremediablemente destruido y politizado, haciendo difícil que el sistema funcionara: una especie de efecto dominó en cámara lenta.

 Sin embargo, ya han pasado 18 años de ello, y uno supondría que ha habido amplia oportunidad de reconstruir la institución, emplear y entrenar nuevo personal, crear sistemas y procesos, etc. Y es aquí donde uno debe concluir que no solo ha sido el liderazgo mediocre, si no que no han podido o no han querido reconstruir la organización llamada PDVSA, parece que el chavismo le tiene miedo a la excelencia.

Pero hay otras razones estructurales, ideológicas que pueden explicar el deterioro.La nueva Ley Orgánica de Hidrocarburos, que, aunque como ya dije pareciera legitimar la apertura al capital privado, es de hecho en su aplicación anti-inversión y en los años subsiguientes al 2003 será utilizada por el gobierno para tomar venganza de lo que ellos veían y continúan viendo como los entuertos de la política petrolera anterior. Todo ello en un entorno de precios altos del petróleo, lo que les permitió tergiversar los contratos existentes (negociados en un escenario de precio bajos) como perjudiciales para la Nación, cuando en la realidad la mayoría de ellos presentaban mecanismos para restablecer la simetría económica o ser renegociados, sin tener que hacerlos añicos.

Se tomaron decisiones, durante el 2006 y 2007, tanto legales como contractuales, que conllevaron a la migración y renegociación forzada de los contratos provenientes de la Apertura Petrolera. En otras palabras, no contentos con los cambios en el régimen fiscal (que además fueron regresivos), migraron los contratos de operación en los que los privados tomaban todo el riesgo de inversión a convenios que necesitaban al menos 60% de inversión estatal. De igual manera forzaron a las Asociaciones Estratégicas de la Faja a realizar cambios de contrato que algunos aceptaron, pero otros no, hoy en día todavía se ventilan en los tribunales internacionales esas demandas.

Es interesante apuntar que estas renegociaciones y estatizaciones parciales ocurren después que ha terminado el ciclo de inversión de los proyectos por parte de las empresas privadas. No es que los contratos existentes fuesen perfectos, pero las modificaciones que introduce la Administración Chávez resultaron deficientes y perjudiciales en el mediano plazo, pues desincentivaron inversiones e introdujeron ineficiencias operacionales. Eso se verá  más claro en los años siguientes cuando el gobierno busque otorgar nuevos contratos a inversionistas privados con estas nuevas condiciones; por cierto, un actuar paradójico en una administración anti-apertura. La mayoría de esos nuevos contratos no han conducido a un solo nuevo barril de producción.

En paralelo, en ese mismo período, también estatizaron/expropiaron importantes sectores de la industria de servicios petroleros, mientras monopolizaban todas las decisiones operativas y de compras de las operadoras. El resultado de esas acciones también fue ineficaz y en desmedro de la operación, sobre todo la de PDVSA.

Durante el período 2000-2013 Venezuela pierde 1.700.000 barriles por día de potencial de producción, la mayoría de ella en PDVSA; es una aritmética sencilla: PDVSA perdía capacidad de producción propia que era compensada por la entrada paulatina de los proyectos de la Apertura Petrolera, tal que a la vista pública la producción del país aparecía relativamente estable. En el período 2014 -2021 Venezuela pierde 2.100.000 barriles por día de capacidad de producción, otra vez producto de mala gerencia, falta de inversión, corrupción, aunado ahora a la caída de los precios petroleros.

Adicionalmente, podemos identificar otras causas: falta de mantenimiento, desviación de financiamiento necesario para la operación a fondos de inversión gubernamental, proyectos clientelares, perdida de foco, financiamiento de aliados políticos, tratados internacionales a pérdida, corrupción, intervención militar, entre muchos otros. Parece haberse instaurado en la administración chavista aquello de que “el petróleo sale solo”.

Pero más allá de esa perdida de capacidad de producción de petróleo y gas, el país ha perdido la autosuficiencia energética que tuvo por décadas: déficits estructurales de gas, gasolina y diésel, evidencian las fallas de política de los últimos veinte años.

4.       Chávez comenzó un proceso para desconcentrar a PDVSA de sus funciones esenciales y asignarle un conjunto de tareas especialmente en política social. ¿Cuál es su opinión sobre esa política adoptada por Chávez?

La respuesta corta es que esa política fue un total desacierto desde el punto de vista de su concepción, pero más importante de sus resultados. No hay una actividad no petrolera que haya asumido PDVSA donde no haya habido ineficiencia y corrupción. Por otro lado, esa política diluyo la atención que PDVSA debía haber tenido en su actividad medular y, además de subir sus costos y elevar su nómina, la hizo vulnerable a un entorno de clientelismo político y por lo tanto a la corrupción.

Me puedo imaginar que Chávez desconfiaba, no sin razón, de la eficacia de su propia administración pública y consiguió en la PDVSA de Ramírez un vehículo que creía más eficaz para canalizar fondos a sus proyectos políticos, mientras que soslayaba los pocos controles institucionales  que podían todavía existir sobre esos millonarios desembolsos. Mientras hubo dinero, poco le  importaron al país las obvias debilidades y corruptelas de  este medio de reparto.

5.       En 2005, bajo la gestión de Rafael Ramírez se lanzó el Plan Siembra Petrolera orientado a llevar la producción petrolera desde 2.500.000 barriles diarios  hasta casi 6.000.000 de barriles diarios en 2012. Fue claro que ese plan fracasó estrepitosamente. ¿Cómo valora la gestión de Ramírez y del equipo que lo acompañó al frente del Ministerio de Energía y Petróleo y como presidente de PDVSA?

El Plan de Siembra Petrolera no era más que los objetivos de la Estrategia de Apertura Petrolera redescubiertos y reempaquetados. Pero habiendo desmantelado el andamiaje institucional que lo hubiese permitido, y sin las capacidades técnicas y gerenciales que habían destruido, tenía pocas probabilidades de éxito, sin importar que el acceso a financiamiento no era un problema en ese entonces. En pocas palabras, un ejercicio de papel, tal como los que vemos resucitados de tanto en tanto por la actual Nomenklatura. Los resultados hablan por si solos.

Es bueno anotar que el deterioro de la industria petrolera venezolana ocurre durante la bonanza de precios del petróleo más larga de nuestra historia. Es decir, Hugo Chávez, Rafael Ramírez y su equipo  logran la “hazaña” de desmantelar  la industria petrolera durante esa bonanza petrolera; mientras nuestros competidores y “aliados” se fortalecían a nuestras expensas. Entre 1998 y 2019, la demanda del mundo aumentó de 73 millones de barriles de petróleo  por día  hasta alrededor de 100 millones de barriles por día; Rusia duplica su producción; Estados Unidos crece en un 60%; la mayoría de los países de la OPEC  crecen, en particular Arabia Saudita e Irak; Brasil duplica su producción; Colombia alcanza el millón de barriles por día. Venezuela, por su parte, no hace más que ir perdiendo terreno por falta de inversión y gestión; hoy día su capacidad de producción apenas alcanza entre 300-500 mil barriles por día, la mayoría producidos en los contratos de la Apertura Petrolera que aún operan.  Una consecuencia negativa adicional, vaya usted a saber si intencional, es que, al haber dejado que países como Arabia Saudita, Estados Unidos, Rusia, Irak, Brasil ocupen nuestra participación de mercado (con una sonrisa), estos se convierten ahora en obstáculos a nuestro reingreso en una potencial recuperación de la industria.

Es importante también recalcar que los encadenamientos del sector hidrocarburos  al resto de la economía también fueron desmantelados en el tiempo: empresas básicas, sector metalmecánica, entre otros, con los consiguientes efectos negativos en la economía no petrolera.

En resumen,  quizás el crimen económico y político más flagrante de nuestra historia contemporánea: la destrucción de nuestra principal industria a plena luz del día, mientras se beneficiaba a otros países y se discurseaba de nacionalismo y otras pamplinadas, todo aderezado con una repartición indiscriminada de una renta eventual que debió ser usada para desarrollar el país y su población y que fue usufructuada por una casta política en la búsqueda de comprar su supervivencia en el poder.

6.       Después de haber estatizado las empresas  petroleras extranjeras de la Faja del Orinoco y las empresas de servicios en 2007, ahora PDVSA está buscando inversiones internacionales para levantar la producción. ¿Es creíble esa política?

La realidad de los hechos, puede ayudarme a contestar tú pregunta.

En la industria petrolera nacional no se han logrado inversiones de envergadura desde que forzaron/expropiaron las asociaciones estratégicas, los Convenios operativos y los Contratos de Exploración a Riesgo y producción con ganancias compartidas a Empresas Mixtas. Algunos ejemplos representativos:

  • PetroZuata, expropiada, su producción de 110 MBPD cayó a 4 MBPD, su mejorador esta convertido en chatarra, y su sistema de transporte y carga de coque inservible.
  • El Campo Dacion, expropiado, producción cayó de 67 MBPD a 3 MBPD y el campo ha tenido numerosos derrames de crudo
  • Campo Corocoro, parcialmente expropiada, la producción de 45 MBPD y con planes de llegar a 70 MBPD, la infraestructura se encuentra cerrada corroyéndose en el mar.

Una administración que vive en una contradicción ideológica perenne no puede gestionar una actividad que requiere coordinación e ingentes capacidades financieras y técnicas. La ideología estatista los empuja, por un lado, a buscar el control no solo político y económico, sino operacional de la actividad, restringiendo la inversión. Por otro lado, se ven presionado por las circunstancias financieras y operacionales, o por las apetencias de sus nuevos aliados (Rusia y China entre otros), a tratar de atraer al capital que en principio desprecian o temen. Esa  conduce al resultado que tenemos: parálisis del sector.

7.       De cara al futuro y tomado en cuenta la llamada a Agenda Verde, cuáles deberían ser los principales lineamientos de la política petrolera para Venezuela? ¿Qué hacer con PDVSA?

Este es un tema importante en el cual debemos guardar un balance inteligente y apropiado, pues de él depende el camino de desarrollo que tome el país. Por un lado, no debemos unirnos ciegamente a la multitud que clama  por la crucifixión pública de los combustibles fósiles, pero tampoco hacer caso omiso de las reales limitaciones que la agenda ambientalista ira imponiendo.

Una política petrolera para Venezuela debe partir del hecho de que en el corto y mediano plazo no creo que exista una mejor palanca de desarrollo: tanto como motor de actividad industrial, como de generación de divisas e ingreso fiscal. Para ello, debemos tomar las lecciones de nuestra historia y del pasado reciente. El estatismo, la politización y el monopolio del sector deben ser sustituidos por modelos institucionales que permitan atraer la inversión privada necesaria, proveyendo retornos atractivos en un mundo cada vez más competitivo, mientras que el dueño del recurso también recibe una remuneración apropiada por el uso del recurso. Ya es hora de que dejemos de perseguir las ideas de Sembrar el Petróleo, La Siembra Petrolera y otras analogías anacrónicas: el Estado ha sido un pésimo agricultor.

El petróleo y el gas son recursos naturales que debemos desarrollar con las mejores tecnologías disponibles  y orientados a nuestros mejores mercados, creando cadenas de valor que a su vez creen empleos bien remunerados: desarrollar industrialmente el petróleo y el gas es un objetivo en si mismo.  Esto con el fin de aprovechar al máximo la ventana de oportunidad que el mercado brinda a nuestra base de recursos.

La Industria de hidrocarburos no es solo un generador de rentas, es nuestro puente natural a la economía mundial y cualquier política debe tomar en cuenta que debemos empezar a insertarnos en la evolución energética que está en camino. No es uno en vez de otro, son las dos cosas a la vez: desarrollo de nuestra base de recursos fósiles sin complejos, pero también  aprovechar nuestras ventajas comparativas en una transición energética:

  • Selvas y bosques en gran extensión de su territorio, en parte destruidas por minería ilegal sin control,
  • 2000 Km de contacto con el mar, pero actualmente sufriendo de contaminación.
  • Un sistema interconectado de gas a nivel nacional, pero por mala gestión se quema y ventea, en oriente, mas gas que la demanda insatisfecha del centro/occidente del país. EL gas es el combustible de transición por excelencia
  • En la producción petrolera, las mayores reservas, la Faja del Orinoco, se producen sin los requerimientos de grandes cantidades de energía, que por ejemplo sus competidores canadienses necesitan.
  • Venezuela tiene grandes reservas de gas que pueden ser desarrolladas en una transición para reducir la huella de carbono.
  • Finalmente cuando entremos en la aplicación de la tecnología de la Captura de Carbono Utilización y Secuestro para la producción de petróleo Net 0, el país cuenta con gran cantidad de yacimientos agotados para almacenar CO2 en forma permanente.
  •  

Debemos entonces recuperar la madurez técnica y gerencial que nos permita crear una visión de una industria insertada de manera armónica con el resto del aparato productivo nacional, que a su vez debe empezar a migrar a una nueva realidad.

¿Qué hacer con PDVSA? Si PDVSA fuese una empresa privada, hace tiempo que hubiese sido declarada en bancarrota y totalmente restructurada. El hecho de ser del Estado complica ese tema y cualquier nuevo gobierno debe sopesar los pros y los contras de mantenerla operando más allá de una transición necesaria. 

En un mundo donde Venezuela debe obligatoriamente transitar hacia una nueva economía que sea competitiva y que cree oportunidad para sus ciudadanos, me parece un contrasentido que nos mantengamos atados a las ideas anacrónicas de un Estado empresario y benefactor. Los últimos veinte años nos han demostrado que pasa cuando el estado quiere abarcarlo todo y no termina haciendo nada. Pero no me hago ilusiones acerca de que nuestra clase política o mucho de la población compartan esa visión.

Luis A. Pacheco

El Dr. Pacheco tiene 40 años de experiencia en el sector de la energía, incluidos 17 años en la industria petrolera venezolana (PDVSA), donde ocupó varios puestos de alto nivel, incluidos Director Ejecutivo de Planificación Corporativa y Director Gerente de BITOR (filial de hidrocarburos extra-pesado de PDVSA). De 2008 a 2016, ocupó el cargo de vicepresidente de estrategia y TI en Pacific Exploration and Production, la mayor empresa privada de petróleo y gas en Colombia y Perú. De 2019 a 2020, ocupa el cargo de presidente de la Junta Administradora ad hoc de PDVSA. Obtuvo el título en Ingeniería Mecánica en la Universidad del Zulia, Venezuela (1974); M.Sc. de la Universidad de Manchester (1976) y Ph.D. en el Imperial College of Science and Technology, University of London (1980). Actualmente, el Dr. Pacheco es miembro no residente del Instituto Baker en la Universidad de Rice. Ha sido profesor de la Universidad Simón Bolívar en Venezuela, así como profesor invitado en el IESA, UNIANDES, la Universidad Sergio Arboleda, el Tecnológico de Monterrey, la Universidad de Harvard y la Universidad de Georgetown.